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16 Jun 2008 - 13:03:52
La locura del poder
Cecilia Rodas Zúniga
Politóloga y consultora salvadoreña

Reconozco que siento admiración por la prensa extranjera y siento envidia sana por los y las ciudadanas de otros países que tienen medios de comunicación que son un verdadero lujo sobre todo en lo que respecta a la prensa escrita, principalmente porque la misión que muchos medios persiguen es no solamente informar, sino que además hacen un esfuerzo por fortalecer el conocimiento de sus lectores/as por lo que, si comparamos cualquier medio de prensa, -para no irme tan lejos-, en el ámbito centroamericano, nos encontraremos con que nos llevan una ventaja considerable centrándonos en la base de los objetivos y principios éticos y la manera de informar con relación a la prensa salvadoreña, especialmente la escrita (sin dejar de mencionar que algunos medios televisivos y radiales representan también una auténtica vergüenza para el país).

En ese contexto, me gustaría si ustedes me lo permiten, centrar mis comentarios de esta semana, en un fabuloso artículo que encontré el pasado mes de abril en el periódico español El Mundo que se titulaba “El Delirio de los Políticos”[1], porque en los tiempos de campaña anticipada que estamos viviendo y a propósito de los cambios que todos y todas deseamos, creo que el artículo en mención viene como anillo al dedo al hablar de esos cambios en sentido integral y al hablar por supuesto de las inquietudes que nos rondan cuando soñamos cada día más despiertos (porque el cambio es cada vez más palpable, lo dicen las encuestas) sobre el país que deseamos para el futuro.

Pues bien. El artículo que les menciono es una síntesis periodística de una investigación que realizara en su momento el neurólogo inglés Lord David Owen, fundador del Partido Social Demócrata Británico (SPD) y Secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido cuando James Callaghan era el Primer Ministro (antecesor de Margaret Thatcher), es decir, el escritor conoce de primera mano sobre lo que está hablando.

Para Lord Owen, el peor enemigo de los político/as (y sin duda de los y las ciudadanas comunes y corrientes puesto que somos los que padecemos las consecuencias directas de esa enfermedad) es el Síndrome Hubris, un trastorno común entre los gobernantes que llevan mucho tiempo en el poder. El Hubris de acuerdo al escritor, tiene síntomas fácilmente reconocibles como la exagerada confianza en sí mismos, el desprecio por los consejos de quienes les rodean y por sus gobernado/as y el alejamiento progresivo de la realidad. La conclusión después de 6 años de estudio es que el poder intoxica tanto que termina por afectar el juicio de los dirigentes.

En el estudio se identifica tres etapas en este proceso: la primera es el principio de duda que se da cuando el o la política es recién elegido ya que internamente dudan de si son las personas capaces y aptas para ocupar el puesto. Pero inmediatamente de acuerdo al estudio, surge la legión de incondicionales y sobalevas que les felicitan y reconocen su valía. Poco a poco esa duda se va transformando y empiezan a pensar que están donde están por méritos propios, todo el mundo quiere saludarles y les halagan. Posteriormente, en la segunda fase, se da un paso más en el que ya no se les dice que lo que hacen está bien sino que “menos mal que están allí para solucionar tal o cual situación”, en entonces cuando los analizado/as entran en la etapa de la ideación megalomaníaca cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituibles. La tercera fase y la más crítica es cuando tras un tiempo en el poder los afectados por el Hubris padecen lo que psicopatológicamente se llama el desarrollo paranoide que es cuando todo el que se opone a él o ella y a sus ideas son enemigos personales, pero en esta etapa se puede subir un escalón más y es cuando el o la afectada llegan a la paranoia o trastorno delirante, que consiste en sospechar de todo el mundo y gradualmente llegan a aislarse de la sociedad y así hasta el cese o pérdida de las elecciones, cuando viene la derrota y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no se comprende.

El hecho de que este síndrome sea tan común en política se debe a que, según el experto, en otros ámbitos es más frecuente que el que ocupa altos cargos sea el más capaz, pero en política no es así, porque los ascensos van más ligados a fidelidades. EL PODER NO ESTÁ EN MANOS DEL MÁS CAPAZ, pero quienes lo ostentan creen que sí y empiezan a comportarse de forma narcisista.

Una vez explicado en la medida de lo posible el contenido de este interesantísimo artículo, creí que era importante para nuestros estimados/as lectoras conocer el mismo y además hacer una reflexión sobre lo que tenemos y lo que podemos llegar a tener, y lo que está claro es que, según las encuestas los y las ciudadanas ya no queremos seguir teniendo lo mismo: diputados y diputadas oportunistas y además emborrachados de poder, presidentes que más que ciudadanos realizando una labor con alto grado de responsabilidad más parecen dioses del olimpo en su pequeño pedestal, altos y medios cargos que nunca han sido removidos y que gestionan nuestros intereses como su negocio personal, magistrados/as de la Corte Suprema de Justicia a un paso de tocar el cielo (en la misma Corte se dice que luego de la Sala de lo Constitucional sigue Dios, habiendo en esa Sala una señora absolutamente honorable, honesta y fiel a sus principios que seguramente es la que de vez en cuando se encargará de bajar al resto de sus compañeros a la realidad).

Por otra parte y siempre en el mismo contexto y dado que los y las ciudadanas queremos un cambio, creo que es oportuno mencionar que no solo se necesita un cambio de chaleco sino que un cambio integral en todas las facetas de la vida nacional, de esa forma deseamos (al menos yo así lo deseo) que el respeto, la ética, la decencia y el conocimiento sean los valores en los que se centre la futura gestión gubernamental, pero también queremos un presidente de verdad, de carne y hueso identificado con los reales problemas del país, una persona accesible y humilde, un nuevo grupo de diputados y diputadas conocedores de nuestros verdaderos problemas que decidan y hagan leyes conforme a lo que el país necesita, leyes que nos favorezcan y ya no más leyes que nos sigan haciendo daño; altos y medios cargos que lleguen con el deseo de servir, ya no de servirse de lo que es de todos y que tengan los conocimientos en concordancia con el puesto que van a desempeñar.

Será muy importante que las personas que se perfilan como nuestros futuros servidores, empiecen a ser conscientes de los riesgos psicólogos y psiquiátricos que representa el poder, y que empiecen a ver desde ya su andadura en el nuevo gobierno como una oportunidad de sacar al país del abismo en que lo tiene sumido tanta locura junta, al mes de junio del próximo año serán 20 años de dominio total de la cosa pública en manos del mismo grupo, por lo tanto, si los y las ciudadanas apostaremos por un cambio, es necesario que este cambio llegue a todos los rincones y a todas las personas por igual, el candidato que se perfila hasta este momento como el ganador, según las encuestas, tiene toda la inteligencia y todo el carisma para no dejarse vencer por la soberbia y por los riesgos que el poder representa, tiene la inteligencia para escoger a loa funcionarios idóneos (ya no queremos más sobalevas inútiles administrando nuestros intereses), tiene la determinación para ver más allá del día a día en el camino que tendrá que recorrer, o sea, sentido de la previsión (ya no queremos más improvisación por favor!), tiene la buena voluntad de estar cerca de los electores puesto que conoce de primera mano los problemas del país, y lo más importante, tiene la madurez emocional y la humildad necesarias para reconocer que los ciudadanos/as le elegirán por su gran capacidad humana para ser el ciudadano presidente y no a otro pequeño dios en su triste olimpo… ya no queremos más de lo mismo.

El artículo en torno a este interesante estudio termina definiendo que son los varones los más propensos al Hubris porque son más sensibles al halago y al reconocimiento y toleran muy mal la frustración, aunque también contribuye el tener una “baja capacidad intelectiva”, o sea, más claro, imposible!

Aprovecho antes de terminar, para lanzar un voto de confianza por el ciudadano presidente Antonio Saca, porque conociendo su gran capacidad intelectual y gracias a ello su alto sentido del deber para con las familias exiliadas por voluntad propia gracias a las crecientes necesidades que todos y todas enfrentamos, y conociendo sus grandes esfuerzos desde su responsabilidad como gobernante por paliar la grave crisis que están enfrentando las familias salvadoreñas, no me cabe la más mínima duda de que vetará la nueva ley que los y las diputadas irresponsables de ARENA, PCN y PDC aprobaron el jueves 12 recién pasado y que atenta contra el derecho a la comunicación que tienen los y las salvadoreñas en el exterior con sus seres queridos en nuestro país, y como en el presidente predomina más su alto compromiso con el pueblo que el oportunismo y el ganguerismo que practican algunos en su mismo partido, seguro que no permitirá que se sigan cometiendo más abusos contra los que un día le dieron su confianza y le eligieron como el gobernante ideal.

Admin · 202 vistas · 0 comentarios

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