Director del CIDAI de la UCA
El Salvador se encuentra en una difícil situación económica y social. En un comentario anterior se ha reflexionado sobre lo sombrío que es el panorama para la sociedad salvadoreña en el futuro inmediato, debido no sólo al impacto de la recesión económica mundial, sino a los males que se han venido acumulando en los últimos 20 años –y sobre los que aquélla se superpone, agudizándolos—.
En este sentido, urge tomar las medidas pertinentes no sólo para
paliar el impacto de la mencionada recesión, sino para corregir las
fallas más notables del modelo económico-social vigente. Es decir, la
crisis actual es una oportunidad para revisar el modelo de país que se
tiene, en orden a realizar los ajustes y correcciones correspondientes
en aquello que más lo necesita.
Ahora bien, estos ajustes y correcciones requieren de un consenso
mínimo acerca de su alcance y dirección. Ese consenso debería contar
con la aquiescencia de los principales actores sociales, económicos y
políticos, los cuales, a su vez, deberían participar activamente en la
definición de sus contenidos esenciales, así como en consecución
práctica.
Se trataría, en otras palabras, de volver a un pacto social semejante a
los Acuerdos de Paz, sólo que esta vez haciéndose cargo de las
lecciones dejadas por los mismos. Y la primera gran lección que habría
que retomar es que en la discusión de los grandes problemas nacionales
no debe dejarse de lado a la sociedad civil organizada.
No puede repetirse esta historia de exclusión de un actor que es clave
para enfrentar la actual crisis. Empero, esto plantea al movimiento
social el reto de diseñar un mecanismo que le permita generar una
discusión y unos planteamientos realistas sobre la situación del país y
sus vías de solución.
Entonces, diseñar un pacto semejante al de los Acuerdos de Paz exige la
presencia activa y decidida de la sociedad civil organizada, pero
también la presencia de los principales actores políticos y de los
actores empresariales.
En igualdad de condiciones y con el mejor espíritu de servir al país,
estos actores deberían dialogar acerca de los principales problemas de
El Salvador, así como sobre las mejores rutas para enfrentarlos. El
resultado debería ser un nuevo proyecto de nación, mismo que tendría
que estar articulada entorno a dos ejes fundamentales: el respeto a los
derechos humanos y la democracia plena.
Un reto insoslayable, en estos momentos, es no dejar que asuntos coyunturales –por muy llamativos que sean— saquen de escena el tema de mayor importancia en estos momentos para la sociedad salvadoreña: la discusión del modelo económico-social vigente y sus necesarias reformas. No hay que permitir que lo que es relevante para la sociedad sea desplazado por cosas que, hoy por hoy, deben pasar a segundo plano.
Sindicación
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