Paolo Lüers
Para Medardo González, coordinador general del FMLN, la marcha del 1 de
mayo 2008 “fue una muestra de fuerza del partido”.
Me imagino que lo
dijo por tres razones: por la cantidad considerable de manifestantes en
la calle; por la predominancia de los colores, banderas, camisetas,
cachuchas, consignas del FMLN en las marchas; y por el relativo éxito
que ha tenido la dirección del partido en disciplinar las marchas. Hubo
menos violencia, menos pintas, menos daños a propiedades privadas y
públicas, y casi no hubo consignas que salieran del guacal, repitiendo
las reivindicaciones y ataques que recientemente han sido eliminados
del lenguaje del FMLN en campaña electoral. Masa disciplinada, el sueño
de los dirigentes de partidos como el Frente...
Sin embargo, lo
que el FMLN ve cómo muestra de fuerza, en realidad es una muestra de su
más sensible debilidad. Si un partido de izquierda se toma los
movimientos sociales --sindicatos, asociaciones campesinas,
organizaciones estudiantiles, etc.--, cunado los viste con sus colores,
cuando los maneja bajo su lógica partidista y electoral, cuando les
impone su discurso, su moderación táctica, su lenguaje, está matando
cualquier expresión auténtica de la sociedad civil. Es a la vez una
muestra que no existen sindicatos ni otros movimientos reivindicativos
independientes, representativos, democráticos.
El partido
convoca a sus bases a llenar el vacío de un auténtico movimiento
obrero. Y a las pocas y raquíticas organizaciones sindicales los obliga
a formar parte de este desfile de disfraces, les quita su poca
autenticidad, los convierte en “masas” del partido. Perdón, hoy son
“bases”.
La represión y la permanente persecución de los años 60
y 70 obligaron a los movimientos sindicales y populares a ir a la
clandestinidad. En los años de la guerra civil, ya no hubo espacio para
sindicatos y movimientos reivindicativos. Fueron tratados como
guerrilleros y tuvieron que asumir la lógica de la guerra. Se
convirtieron --por necesidad, por sobrevivencia, y por la lógica de la
guerra-- en entidades dirigidas por las organizaciones
político-militares. Sólo podían sobrevivir junto al FMLN, porque el
régimen les negaba los espacios necesarios para desarrollarse como
movimientos reivindicativos independientes y representativos.
Los
Acuerdos de Paz volvieron a abrir el espacio democrático, no sólo para
que las organizaciones guerrilleras se convirtieran en partido
político, sino sobre todo para que los sindicatos, las organizaciones
estudiantiles, el movimiento cooperativista, y todos las formas de
organización de la sociedad civil recuperaran la libertad de
organización, de expresión, de ejercer oposición, de luchar por sus
intereses.
Es irónico que el FMLN, que luchó y negoció con tanta
consecuencia para que las organizaciones reivindicativas vuelvan a
recuperar sus derechos y sus garantías, hizo nada para que también
recuperaran su independencia, su pluralidad, su autonomía.
El
debate interno, dentro de las organizaciones miembros del FMLN, sobre
cómo transformarse en un movimiento democrático, civil, horizontal,
participativo, se dio con intensidad en los años 1992-93, pero fue
abortado a favor de construir un partido político que, aunque dejó de
ser militar, mantenía la estructura vertical, autoritaria,
paternalista, centralizada.
De la misma manera, nunca se dio un
debate serio sobre cómo refundar los movimientos reivindicativos. Había
algunos que dijeron que ahora, al terminar la guerra, había que
revertir el proceso que había llevado a miles de dirigentes,
activistas, organizadores sindicales, gremiales, estudiantiles,
cooperativistas, campesinos a convertirse en guerrilleros, en
militantes partidarios, en gente que dependían, incluso económicamente,
de su partido. Algunos dijeron que no era sano mantener la fusión
partido-movimiento social; que la democracia, para desarrollarse,
necesitaba que vuelvieran a retomar su plena autonomía las
organizaciones gremiales.
Igualmente, este debate se abortó muy
rápido. Para la dirigencia del FMLN era más cómodo seguir
instrumentalizando para sus fines partidarios a los sindicatos, el
movimiento estudiantil, las ONGs, las iniciativas ecológicas y de
mujeres...
Los que no compartieron esta concepción de un partido
que conduce todo el tejido de organización social y cívica, salieron
del FMLN, pero en muy pocos casos tenían la capacidad de construir
organizaciones o movimientos autónomos.
Así se explica que en El
Salvador no existe un movimiento sindical representativo que sea capaz
y legitimado para sentarse a negociar con la empresa privada y el
gobierno sus intereses y el rumbo del país. Así se explica que no
existe organización representativa de los estudiantes. Dejó de existir
AGEUS. Existen organizaciones políticas-partidarias de trabajadores,
estudiantes, campesinos; existen además gremios corruptos que
aprovechan el vacío en cuanto a organizaciones representativas y
auténticas.
Todo esto se manifiesta en las marchas del 1 de
mayo. Son marchas del FMLN, organizadas por organizaciones que han
perdido su carácter gremial y funcionan, en la peor tradición
comunista, como “correa de transmisión” del partido.
P
D:
Me recuerdo de las marchas del 1 de mayo en Berlin Oriental: la gran
marcha organizada por el partido del Estado (Partido de la Unidad
Socialista, como se llamaba el Partido Comunista de la República
Democrática Alemana). Una marcha obligatoria para trabajadores,
estudiantes, empleados públicos. Un mar de banderas rojas. Desfile
militar del Ejército Popular junto con sus hermanos soviéticos con todo
y sus cohetes nucleares...
Marchaba
la clase obrera conducida por su vanguardia. Esta marcha todavía
funcionó a perfección el 1 de mayo del año 1989. Sin embargo, pocos
meses después el régimen comunista colapsó – y ni un sólo sindicalista
lo defendió. Porque resultó que no existían sindicatos, sólo correas de
transmisión de partido.
En
Berlin Occidental, en la época de la guerra fría, los socialdemócratas
tenían un control casi idéntico sobre los sindicatos. No por la vía de
la represión, como en Alemania Oriental, más bien por la dominación
política-ideológica. Marchas grandes, banderas del partido,
demostraciones de la unidad partido-sindicato. Otros contenidos, otra
ideología, pero el mismo error, la misma dominación partidaria sobre
los sindicatos.
Que
cosa más absurda: Cada 1 de mayo hubo en Berlin Oriental una enorme
marcha comunista, y en Berlin Occidental una enorme marcha
anticomunista. Una dirigida por el Partido Comunista, la otra dirigida
por el Partido Socialdemócrata. Pero de repente, a partir del 1968,
surgió --sólo en Berlin Occidental, porque al otro lado del muro
hubieran echado preso a cualquier disidente-- un movimiento dentro de
los sindicatos de recuperar su autonomía. En los primeros años fuimos
unos pocos que marchamos en esta tercera marcha del 1 de mayo en
Berlin. A los años, sólo quedaron dos marchas: siempre la oficial de
los comunistas en Berlin Oriental, pero en Berlin Occidental los
partidos --tanto los socialdemócratas como los comunistas—perdieron el
control de los sindicatos. Guardaron sus banderas y observaron, con
resentimiento, que el 1 de mayo volvía a ser la manifestación auténtica
e independiente de todos los trabajadores, sin color de partido.
En
este proceso, el obstáculo más grande fueron los diferentes partidos
comunistas (pro-soviéticos y pro-chinos) que existían en Berlin
Occidental, minoritarios y sectarios todos. Cuando los sindicatos se
comenzaron a desprender de la dominación orgánica y política del
Partido Socialdemócrata, los comunistas de todos los colores y sabores
querían llenar el “vacío”. Pero resulta que lo que ellos sólo podían
ver como “vacío”, era autonomía, independencia. No era debilidad, era
fuerza.
Cuento
esto para ilustrar que nunca es tarde para deshacerse de los intentos
de los partidos de anexar a los movimientos sociales.