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11 Mar 2008 

Por Tomás Andréu


SAN SALVADOR – Los tiempos han cambiado velozmente. La década de los años 80 y 90 ahora son días borrosos cuando adolescentes y jóvenes de este tiempo ven hacia atrás. Los adultos se preguntan hacia dónde van los jóvenes de hoy, precisamente porque el camino que estos muchachos han elegido es opuesto al de las generaciones anteriores.

La globalización ha sido un elemento que ha cambiado la vida entre las generaciones. Los adultos de hoy no entienden porque los jóvenes prefieren pasar junto al Ipod, el chat, el Internet, el carro modificado o el Hi5 antes que estar ante un libro, la iglesia o los mismos padres.
La globalización no es del todo un beneficio para toda la juventud, mientras unos aumentan su conocimiento y mejoramiento de vida a través de la tecnología, otros se quedan al margen del beneficio y el progreso.
Tras el camino duro que implica la adolescencia y la juventud misma, padres, centros educativos, iglesia y Estado exigen a los jóvenes un estilo de vida que no es coherente con sus deseos y perspectivas. Un tema que ha sido debatido es la afiliación política con su respectiva responsabilidad social. Todo el mundo deja en los hombros de la juventud, la solución a problemas que generación tras generación le han ocasionado al mundo.
Fina Viegas, historiadora y docente de la Universidad de El Salvador (UES), trabaja con jóvenes y conoce lo que les acontece: “los jóvenes se preocupan por muchísimas cosas, pero esta generación está muchísimo más globalizada que la de sus padres y que la de sus abuelos. La generación de jóvenes ya no sólo es una generación del país pues esta tiene vinculaciones externas, esto es la cultura globalizada”.
Iris Domínguez, estudiante de diseño gráfico se considera apolítica y dice que “no puedo hablar de política porque no me interesa, no puedo dejar de estudiar y rescatar al mundo para después ser una don nadie”, sin embargo admite que “los jóvenes necesitamos estudio y más oportunidades de trabajo para salir adelante y eso el gobierno no lo está garantizando”.
La historiadora Viegas opina que la generación actual de jóvenes “es mucho más compleja porque parte de un espacio absolutamente polarizado y yo creo que los jóvenes no están dispuesto a la polarización y por eso, a lo mejor responden con apatía”.
ContraPunto quiso tener la opinión de la Secretaría de la Juventuda a través de Mauricio Carballo, quien se comprometió a responder nuestras inquietudes vía correo electrónico, pero nunca lo hizo. También quisimos hablar con Fredy Cabrera, director de la Juventud Republicana Nacionalista (JRN) “quien por cuestiones de cobertura” no podíamos hablar con él.
Quienes dirigen instancias políticas piensan que los jóvenes andan por ahí dando tumbos ideológicos, sin embargo, los consultados por ContraPunto demuestran categóricamente lo que quieren, demandan y piensan de los partidos políticos y la polarización.
Kriscia Recinos, estudiante universitaria, es una de esas jóvenes: “No me identifico con ningún partido político, pero creo que los jóvenes deben tener una idea de lo que sucede en nuestro país y debe conocer las posiciones políticas que hay” y añade: “los partidos políticos no representan los intereses de lo jóvenes porque ellos son representantes de intereses económicos”.
No supera los 20 años, pero Alejandra, también estudiante de una universidad privada, asevera tener afinidad con un partido político: “me identifico con el porque mis tíos me inculcaron esa cultura política ”.
Otra persona joven fue consultada sobre este tema y quiso hablar de su experiencia pero desde el anonimato: “soy de izquierda pero mi familia no lo sabe, en especial mi papá que fue militar. No pueden saber qué hago políticamente porque me echan de la casa y tampoco puedo pasar en ella porque es un cuartel”.
La historiadora Viegas arroja una luz respecto al tema de las ideologías en los jóvenes: “si la generación anterior fue capaz de vincularse políticamente ¿por qué sus hijos no lo hacen?, pues, cada generación tiene sus propias preguntas”. Y también, su propio camino.


Admin · 157 vistas · 3 comentarios
11 Mar 2008 


LA ESQUINA DEL MARTES DEL RECUERDO

Neto Rivas
Concluyo la transcripción de la entrevista con el Dr. Fabio Castillo Figueroa

El Comité secreto de lucha contra el dictador Luego que concluyó la Semana Santa del 44 los del grupo estudiantil nos reunimos en La Rotonda, éramos unos cuarenta o cincuenta, y tomamos importantes acuerdos: el primero que los estudiantes declarábamos una huelga indefinida, y el segundo, nombrar lo que se llamó el “Comité Secreto” que era un grupo de estudiantes encargados de nombrar a otro grupo conservando el secreto de sus nombres y luego desaparecer.
Formamos parte del designado Comité Secreto los estudiantes Jorge Bustamante (Medicina), Reynaldo Galindo Pohl (derecho) y este servidor. Fuimos designados como los responsables de dirigir la lucha contra la dictadura, y no teníamos la menor idea de que hacer. Empezaron los fusilamientos y no sabíamos que hacer.
La primera medida que tomamos fue nombrarme para ir a buscar al Dr. Arturo Romero, que ya estaba capturado y se encontraba en el Hospital de San Miguel, gravemente herido, con un machetazo en plena cara. Ya antes había trabajado con el Dr. Romero, el nos hizo participes de sus planes.
Con una gabacha de médico viajo en tren desde San Salvador hacia San Miguel. En el tren me fui pensando en lo que iba a hacer. Y logre entender una verdad: reconocer que la actitud contra el dictador era uniforme en todo el país. Me preguntaba: ¿cómo podíamos usar esta unidad nacional?
Llegó al Hospital de San Miguel, solo, con gabacha de médico, no tuve dificultades para encontrarlo y le habló en francés. (Mi familia, mi papá y mi mamá viajó a Francia para salvar a mi hermana que tuvo un accidente con la corriente eléctrica y esto me permitió aprender francés). Pudimos conversar en francés. El había estudiado en Francia. Le explique la idea que teníamos para rescatarlo. Romero aceptó.
Estaba enjuiciado y condenado a muerte. Aceptó el plan, no tenía otra alternativa. De haber realizado este plan no solo él hubiera muerto fusilado sino todos nosotros, ya que el plan consistía en doblegar a los 3 o 4 guardias que lo cuidaban y escapar. Seguí meditando. El plan era absurdo. Regrese a San Salvador a informar al Comité Secreto que Romero había aceptado. De haber realizado este rescate de seguro no estaría contándole esta historia.
En realidad no sabíamos que hacer. Sabíamos que todo el país estaba en contra del dictador, había unidad nacional. Pro ¿cómo usarla? Seguimos hablando, meditando. ¿Qué podíamos hacer? Un día, mientras discutíamos, reflexionando en cómo utilizar la unidad de todo el país contra el dictador, propongo la organización de paralizar el país, todo el país paralizado. Reflexionando llegue a la conclusión siguiente: paralizar el país mediante una huelga de toda la población. Al proponerlo, Reynaldo me dice: ¡estás loco, Fabio! Ese hombre nos mata a todos. Le respondo: ¡no va a poder matarnos porque no nos va a encontrar! No andamos haciendo nada. Aceptaron la idea. Y se acordó la organización nacional de la huelga.
Ya antes habíamos visitado al Sr. Palacios de la Imprenta Palacios. Cuando llegamos el despidió a todos sus empleados y nos aseguró que él podía imprimir lo que quisiéramos con tal le pagáramos. Aceptamos y empezamos a publicar. No cobraba ni mucho para el riesgo que corría.
En ese momento, el Comité Secreto tenía fondos. Empezó a correr el dinero de la oligarquía contra el dictador. Orlando de Sola, el médico, el papá del actual, me buscó. Y me entregaba dinero y en la primera entrega le di un recibo y me lo devolvió diciéndome: no, nada de recibos y ni se le ocurra mencionar mi nombre. Eran cantidades grandes de dinero, billetes de 100 colones de aquel tiempo.
El Comité Secreto tuvo fondos. Hicimos propaganda, lanzamos hojas sueltas. El “Comité Secreto” las firmaba. La gente era muy cuidadosa, imprimíamos 40 0 50 ejemplares y en cuanto empezaban a salir las secretarias en los bancos y oficinas reproducían las hojas sueltas y las órdenes eran atendidas inmediatamente.
Había un apoyo popular generalizado. No teníamos idea de que hacer y surgían los caminos. Nos reuníamos en una casa de dos plantas propiedad de la familia Wright, de Doña teresa Wright, esposa del viejo Juan Wright, dueño de la hacienda La Carrera y desde allí nos movilizábamos con toda tranquilidad.
Al tercer o cuarto día de huelga estábamos preocupados porque habíamos logrado paralizar los ferrocarriles. Les adelantábamos semanas de salarios y a los fogoneros, les pagábamos para que subsistieran escondidos. Consideremos que no existían sindicatos. Les pagábamos un mes por adelantado.
Al cuarto o quinto día de huelga, el policía que custodiaba la casa del ministro Morales, que quedaba a la vuelta de la de la familia Wright, donde sesionábamos, por accidente mata a Chepe Wright, de 14 años, hijo de Juan Wright y Teresa Alcaine de Wright. La noticia se divulga y con la muerte de Chepe Wright la huelga toma más fuerza. La muerte del muchacho fue por imprudencia, un accidente, él era muy apreciado, todos lo querían. Y dio base para convocar para asistir al sepelio y llegan cantidades enormes de gente, se convoca después del entierro a una misa y ya la gente no iba a dormir a sus casas sin que nos quedábamos en los alrededores intercambiando noticias, esperando el desarrollo d acontecimientos. El problema nuestro era: ¿y después de esto que hacemos?
El país estaba paralizado, a los ferrocarrileros, a los buseros les pagábamos. ¿Qué vamos a hacer? La idea de la huelga había sido producto de mis reflexiones, pero no teníamos una formación política seria. Pero de repente el gobierno empezó a sentir que se lograba mantener el país paralizado. El 9 de mayo estábamos Reynaldo Galindo Pohl, Jorge Bustamante y yo en la esquina entre el Palacio Nacional y la Catedral cuando escuchamos que a las 9 de la noche el presidente iba a dirigirse a la nación.
A las 9 lo escuchamos que dice: “he cumplido con lo que me comprometí a hacer por este país. Ante la actual situación no puedo hacer otra cosa que renunciar. La historia me juzgará, pero yo no creo en la historia porque la escriben los hombres.”Debió decir la hacen los hombres pienso.
¡Hemos triunfado! ¡Hemos derrocado al dictador Hernández Martínez! Gritamos llenos de alegría. ¡Tontos, allí empezó nuestro error! Tomamos una decisión política equivocada al decidir: ahora les corresponde a los adultos mayores organizar a sucesión presidencial. Fue un gravísimo error y nosotros fuimos culpables de no darle continuidad al esfuerzo de lucha popular que tanto nos había costado.
Y al final no solucionamos nada, la situación continúo lo mismo. Los adultos mayores eran ignorantes. No tuvimos la capacidad de reflexionar sobre la pregunta: ¿quién derrocó al dictador? El pueblo, el pueblo, los sectores populares. Los adultos mayores consultaron a los jurisconsultos honestamente, como al Dr. Emeterio Oscar Salazar. Pero entregamos una victoria popular ingenuamente. Y ese error que cometimos le ha costado al pueblo salvadoreño mucha sangre. Le ha costado al país muchos sacrificios.
Nuestra inexperiencia nos llevó a regresar a las aulas sin haber cumplido la tarea en su totalidad, dijimos: regresamos a nuestras aulas para continuar nuestros estudios...y en el país se fue el tirano pero nada cambió. Muy pronto vino el golpe militar para recuperar el poder.
Años más tarde me encontré con un periodista al que no conocía. Él entrevistó al dictador Martínez un día después que salió al exilio a Guatemala. Y me cuenta que le dijo: General, ¿cómo es posible que usted hace treinta días logró derrotar a un fuerte movimiento insurreccional armado y 30 días después lo ha derrotado un movimiento popular organizado por estudiantes sin armas? Y Martínez respondió: “me derrotaron porque no tenía contra quien disparar”...
La idea de una huelga pacífica, desarmada, masiva fue muy adecuada. Estuvimos aplicando un concepto político muy importante. Sin conocer la experiencia de Gandhi, de Nehru. Me preocupa que se repitan los errores....
Me preocupa mucho que se repitan estos mismos errores y sus trágicas consecuencias con relación a los Acuerdos de Paz. Considero que con los Acuerdos de Paz de 1992 se repitan los mismos errores que en el 1944 y no se garantizan los cambios verdaderos. Debemos de saber con claridad que vamos a exigir para que se establezca la paz.
A mí Ernesto Oyarbide, del PAR me invitó para asistir al acto en México de la firma de los Acuerdos de Paz. Cuando llegué encuentro que todos estaban muy felices, muy contentos, muy entusiasmados. Al final de la reunión me dan un ejemplar de los Acuerdos de Paz y empiezo a leer y descubro que a nadie se le ocurrió el tema de la educación en el documento, no se menciona, no aparece. Y la educación es la clave del desarrollo.
Y cuando leo el documento en su conjunto observo que hay otros elementos básicos que no se encuentran. Hago el señalamiento y se burlan.
No comprenden la necesidad de incluir elementos de naturaleza social tan importantes como la educación, la vivienda, el empleo y la salud.

Se repiten los errores...


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10 Mar 2008 


ANALISIS DEL FENÓMENO DE OBAMA

El senador obama, desde mi punto de vista, lo catalogo como un claro ejemplo del deber ser de un Líder Político, y que la juventud salvadoreña deberia tratar de temitar y mejorarlo. el ha sabido demostrar la capacidad intelectual y critica quien seve una persona idonea al cargo que busca. Ha demostrado muy buen dominio de la oratoria y la retórica, en sus diversos discursos en varios Estados de La Nación Americana, se ha sabido expresar muy bien en el Publico Americano, con lo cual los a persuadido y a conmovido a dichas poblaciones, en ese sentido se ve reflejado el apoyo de importantes sectores del electorado, incluyendo sectores independientes, hasta miembros del partido republico, según lo demuestran los diversos medios de comunicación.
El senador Obama, parece ser la luz del cambio que ha estado esperando la ciudadania americana, frente los problemas económicos y sociales que enfrentan los estados unidense, el senador señala en sus discursos a sus compatriotas el camino que debería llevar la Nación Americana, en estos momentos de crisis. Desde el punto de vista de los mass media Americano lo comparan con JFK, quien renovo con su juventud, los momentos de crisis que vivía Estados Unidos en aquel entorno social, situación casi similar, con diversas variantes a la que se vive hoy en día en esta Nación.
La política de George W. Bush a llevado a esta nación a una crisis económica de la cual no hayan salida y a su política de guerra que no ayuda en nada a la nación en particular, sino mas bien, crea repudio antinorteamericano a nivel mundial, por lo tanto, deben de recuperar su prestigio moral en el mundo, recuperando aliados ganándose su respeto y estimar.

Por lo que Estados Unidos y el mundo necesitan un cambio de presidente y de ideología que al parecer ven que Obama el líder político que por mucho tiempo buscan los americanos. Hasta lo han llegado a llamar el nuevo Abraham Lincoln, por que creen en que Obama recuperara los valores que inspiraron a los fundadores de la Unión Americana.

Obama con su utopía, ve lo que le hace falta a la Nación, se identifica con su espirutud luchador frente al momento de crisis, que vive la nación, el senador es capaz de convencer a los demás con su propio entusiasmo, para realizar y llevar a cabo lo que la sociedad le demande, proponiendo nuevas figuras institucionales que tienen por objeto solucionar los diversos problemas a mediano plazo, en Obama los americanos se sienten representados y es lo que lo mantienen en las votaciones internas democratas arriba de la senadora Hillary Clinton.

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10 Mar 2008 

Los jovenes debemos tomar conciencia que llegara un dia que ya no será mami o papi quienes resolveran nuestros problemas, y que por lo tanto debemos tomar el coraje de dirigir las riendas de nuestras vidas, y el ambito politico forma parte de todo el entorno que influye en nuestras VIDAS y por lo tanto es de vital importancia que aprendamos a "DIRIGIR NUESTRO PASOS" de la forma correcta y no dejarnos endulzar el oido de promesas vanas de los nefastos dirigentes politicos de nuestro pais; no dejarnos endulzar el oido (como lo haria un adulto con un niño regalandole dulces o cualquier chucheria) de que ellos (los lideres politicos) resolveran todos nuestros problemas y que por arte de magia nos llenaran de abundancia y riquezas.

Para que los jovenes podamos DIRIGIR de la forma correcta NUESTRO PASOS; tenemos que ser capaces de dar ese primer paso que conciste en prepararnos y formarnos para poner a servicio del país nuestras capacidades; pero sin dejar nada al azar, para no sufrir despues resultados no deseados por una mala planificacion.

Tendremos que dejar en el pasado la conducta confrontativa (la que caracteriza a los niños y personas faltas de madurez y razón) y toda agresion que atente contra la paz y prosperidad de nuestro querido El Salvador, conducta que dirigentes politicos y sin escrupulos se han dado a la tarea de hacer durante todo este tiempo. Para que asi se logre un verdadero consenso y dialogo, esto solo sera posible si hay una verdadera voluntad de alcanzar un nivel que permita vivir a todos en igualdad logrando asi un el Salvador de primera, que es según creo yo a lo que todos los jovenes salvadoreños aspiramos.

Se necesita una juventud conciente, una juventud capaz de hacer buena critica, una juventud libre, una juventud capaz de hacer dialogo, pero sobre todo una juventud que sepa como DIRIGIR de la forma correcta sus PASOS, y por lo tanto yo exorto a todos los jovenes a que comenzemos desde el dia de ayer y hoy, no a reconstruir el tejido social viejo y arrugado de El Salvador; sino a, construir un nuevo tejido social lleno de la vitalidad de todos nosotros, un tejido impregnado con nuestra propia escencia e identidad, para que el dia de MAÑANA logremos despertarnos de la pesadilla en la cual nos tienen prisioneros hoy, y poder ver la luz de un nuevo y mejor dia.

"PARA OBTENER RESULTADOS SORPRENDENTES,
PROCURE QUE TRABAJE PARA USTED LA PARTE
MAS PROFUNDA DE SU MENTE. APOYE ESTO
CON UNA FUERZA EMOCINAL
Y LA COMBINACION SERA TERRIBLE"
Napoleon Hill.

Carlos Alberto Arias Carranza.

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10 Mar 2008 

Ricardo Ribera

cartas@elfaro.net
Publicada el 18 de febrero de 2008 - El Faro
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Los medios de comunicación estadounidenses califican de “fenómeno” la campaña política del senador demócrata Barak Obama, pre-candidato en contienda con la senadora Hillary Clinton, para referirse al estilo de su oratoria, a su capacidad para transmitir con ella un mensaje de esperanza y cambio, al entusiasmo que viene suscitando y que arrastra a importantes sectores del electorado, incluidos independientes y miembros del partido contrario. El proceso de elecciones primarias en Estados Unidos se está siguiendo con gran atención por el resto del mundo, no solamente por la trascendencia que tienen las decisiones que tome la hiperpotencia mundial, en parte también por la novedad que representa la figura del popular político afroamericano y lo especial de su mensaje. Los medios lo comparan con John F. Kennedy, quien renovó con su juventud y energía la manera como los estadounidenses se consideraban a sí mismos y como consideraban a su país. JFK alcanzó la Presidencia en momentos bastante críticos – acababa de triunfar la revolución cubana y el repliegue francés en Vietnam parecía reflejar una situación global a la defensiva – ante los cuales su retórica visionaria vino a revitalizar la autoestima del pueblo norteamericano, su sentido de misión histórica y los valores sobre los que asienta su orgullo nacional. Algo así pareciera estar sucediendo ahora con Barak Obama: nuevamente en una coyuntura crítica aparece un líder que no se limita a indicar los próximos pasos a seguir; él señala a sus compatriotas un horizonte y los estimula a continuar avanzando, al tiempo que reorienta la dirección de la andadura.
Obama se muestra consciente de dicho paralelismo. En su discurso en New Hampshire se refirió a Kennedy como “el Presidente que señaló la Luna como la nueva frontera a alcanzar” y a Martin Luther King como “ese rey que subió a la colina y nos indicó el horizonte de su sueño”. Se presenta a sí mismo como una mezcla de ambos: del popular estadista que puso al primer hombre en la luna e hizo ganar para Estados Unidos la carrera espacial y del carismático dirigente de masas que llevó a otro nivel la lucha por los derechos civiles y consiguió soldar la unidad de la nación en un consenso: había que desterrar la discriminación racial.
Obama puede marcar una época, pero sólo en la medida que la época se muestra necesitada de un Obama. Después de la mediocridad y cortedad de miras del presidente actual, George W. Bush, Estados Unidos y el mundo necesitan probablemente algo más que un cambio de presidente, necesitan un verdadero estadista en la nación más poderosa del planeta. Un nuevo Abraham Lincoln. Tal vez Barak Obama lo sea. Si es que la senadora Hillary Cinton y el aparato de su partido le dejan. Si gana la nominación, su victoria en las elecciones del próximo noviembre ante el anciano candidato republicano McCain es casi segura. Lo que tiene cuesta arriba es ganar las primarias de los demócratas, que por eso mismo se han vuelto tan mediáticas y apasionantes.
La época necesita de Barak Obama, pero podría decirse que hasta cierto punto Obama es resultado de la época. La historia “fabrica” el líder que resulta necesario para que aquello que hace falta se realice. El pensador alemán del siglo XIX, Hegel, gran filósofo de la historia, presentaba así el asunto. “Las grandes personalidades históricas son aquéllas que le dicen a los demás lo que se debe querer.” Es fácil saber lo que no se quiere, pero más difícil resulta saber qué es lo que se quiere. El líder le dice a las masas lo que deben querer. Arrastra tras su ideal a muchedumbres, sólo en la medida que este ideal coincida con lo que la época demanda. El gran líder es siempre un gran visionario: tiene la visión de en qué consiste su época, ve lo que hace falta, se identifica con el espíritu de su época y contagia a los demás su propio entusiasmo para realizar la misión que su tiempo les dicta. A través de esos grandes hombres – reflexiona Hegel – la historia se realiza a sí misma, lo que estaba pendiente de realizarse es efectuado y el proceso puede avanzar a otra etapa. Hegel pone como ejemplos a Julio César y a Napoleón Bonaparte. Igualmente hubiera podido indicar a George Washington o a Simón Bolívar. Nosotros, habitantes del siglo XXI, podríamos citar a Fidel Castro, a de Gaulle, a Ronald Reagan o a Mijail Gorbachov. No tenemos por qué compartir la fe hegeliana en una especie de automatismo o determinismo – la historia se hace a sí misma – pero hay que admitir que las cosas que señala el filósofo germano son atinadas: de algún modo el surgimiento del liderazgo está condicionado por la época y por las necesidades de la misma. Surge un gran líder, un soñador capaz de contagiar a mayorías con su utopía, en el momento preciso y necesario. En otros momentos, o no aparece, o no sabemos de él porque nadie le hace caso, su idealismo parece fuera de toda realidad, será tomado por loco o por charlatán. Por lo tanto, el análisis de un liderazgo con rasgos utópicos e idealistas ha de ir referido al diagnóstico de la época, de sus carencias y de sus urgencias. Es ahí que está la clave.
Tras el encendido idealismo de Obama se esconde un profundo realismo. Estados Unidos debe salir inmediatamente de Irak y organizar el retiro de Afganistán. Ha de abandonar la actual estrategia de guerra permanente, la idea de guerras preventivas, la prioridad obsesiva por la seguridad y el uso inmoral y degradante de la tortura, las detenciones indefinidas sin juicio ni garantías judiciales. Hay que rescatar los valores que inspiraron a los fundadores de la Unión. Debe recuperar su prestigio moral en el mundo, superar la oleada de sentimientos antinorteamericanos, recuperar aliados ganándose nuevamente su respeto y estima. Estados Unidos debe hacer la guerra, pero la guerra a los grandes problemas sociales que tiene en su propia casa, a la pobreza y exclusión crecientes, a las familias en riesgo de perder su casa por no poder pagar sus hipotecas, al deteriorado sistema de salud, a los índices alarmantes de un sistema educativo en crisis. Hay que enfrentar el desorbitante déficit presupuestario, la enorme deuda externa, la balanza de comercio exterior desfavorable, la caída indetenible del dólar americano, la dependencia excesiva del petróleo, la destrucción medioambiental, la vulnerabilidad ante el cambio climático.
Obama habla de sentar nuevas bases en el país y su discurso suena idealista. Ha de serlo en la forma, porque en el contenido lo que palpita es un estricto realismo. Lo que resulta irreal es el sueño del grupo “neocon” que tiene el poder con la actual Presidencia: el de mantener el resto del siglo XXI la hegemonía estadounidense en el mundo, a costa de lo que sea. La economía no lo permite – “es la economía, estúpido” les decía Bill Clinton a los republicanos cuando le ganó la Presidencia a Bush padre. Por eso los neoconservadores han escogido la guerra, lo único capaz de imponerse a las tendencias económicas (“la violencia de la economía – analizaba Hegel – sólo cede a una violencia todavía mayor, la de la guerra”). Pero si el camino bélico es rechazado, sea por inadmisible o por contraproducente, el único camino que queda es el del repliegue. Estados Unidos debe replegarse sobre sí mismo, dedicarse a sí mismo, ir abandonando el tipo de hegemonía “fuerte” y adoptar las formas del liderazgo “débil”, influyendo de manera sutil y sumando voluntades, por la vía del convencer y no por la del imponer. Si la época demanda esa vía está claro que demanda también la oratoria idealista y utópica que ahora estamos presenciando. Como reflexionaba Marx, que nunca abandonó la estela del pensar hegeliano, a propósito de quienes protagonizaron la revolución francesa: “los hombres de la época necesitaron del lenguaje y ropaje romanos para ocultar ante sí mismos el contenido burguesamente limitado de sus luchas”. Un imperio en decadencia necesita, con mayor razón, ocultarse ante sí mismo el contenido de una estrategia de repliegue tras el cortinaje del idealismo utopista de un futuro promisorio, cambio y esperanza, para una generación que le toca vivir la época del declive.

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10 Mar 2008 

Luis Bonilla*
cartas@elfaro.net
Publicada el 03 de marzo de 2008 - El Faro
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"Ser joven significa poder arriesgarse, descentrarse de uno mismo, descubrir que estamos hechos para amar y servir. Descubrir que la existencia es un chispazo de vida y que la vida es para apostarla"
(Felipe Berríos SJ)

El Salvador es un país eminentemente joven en el cual, irónicamente, la participación de los jóvenes en el desarrollo del mismo queda postergada a un plano de mero espectador de cómo la generación adulta lleva las riendas del país, en ausencia de cualquier protagonismo que los jóvenes podamos tener.
En un país donde las ideas dominantes tienden a mantenerse estáticas durante décadas, donde la capacidad de concertar está fuera del alcance, donde hay más pláticas que acción y donde los liderazgos efectivos se hacen cada vez más viejos, urge una nueva oleada de liderazgos, de propuestas, en la cual nosotros los jóvenes debemos ser la punta de lanza.
La juventud, y lo digo como parte de ésta, es una etapa de idealismos, de inquietudes, de descubrimiento, así como también es una etapa de madurez, de reflexión activa, de ánimos y energía. A El Salvador parece que la hace falta mucho de esta juventud, el país necesita volver a soñar con ser mejor y volver a creer y sentar las bases del futuro, y para eso los jóvenes debiésemos tomar un papel protagonista, pero el país no necesita una juventud cualquiera, sino más bien, una juventud liberadora.
Una juventud liberadora es una juventud pensante y crítica. Los jóvenes universitarios salvadoreños (sobre todo nosotros) debemos ir más allá del puro conocimiento académico y encontrar en el privilegio de la educación superior una forma indistinta de comprender la realidad de nuestro país, y es nuestro deber como jóvenes de preocuparnos no sólo por estudiar el país, sino de conocerlo, de vivirlo, de poder reflexionar desde la realidad que se nos presenta día a día. El conocimiento puesto en práctica nos llevará a ser una juventud liberadora.
También nos llevará la capacidad de discutir y proponer, sin tomar el ejemplo de la generación que se nos antepone, que se ha caracterizado por ser conflictiva y desconcertadora, nosotros los jóvenes tenemos la oportunidad, desde nuestras distintas posturas, de poder dialogar, discutir y conciliar. Debemos esforzarnos por ser un ejemplo de consenso y sobre todo de trabajo efectivo, de poco sirve la conciliación si no trae consigo una labor efectiva que en realidad conlleve al desarrollo del país. Debemos sentar las bases de la fraternidad y no debemos caer en lo que ya han caído generaciones anteriores, que de manera clara no han encontrado como unirse para llevar adelante al país.
El país necesita una juventud política, que sepa desde ésta contribuir al desarrollo de la democracia en este país. Tenemos el poder de dejar de lado el partidismo electorero y enfermizo que en la actualidad observamos, y preocuparnos desde las distintas posiciones políticas de hacer crecer nuestra democracia. La generación adulta no lo ha logrado ni lo logrará, parecería que es un fin que les quedó por cumplir, nosotros los jóvenes tenemos no sólo el derecho y el deber sino también la capacidad de consolidar la democracia. No nos amarremos a las conductas de la juventud pasada, polarizada y contrapuesta, seamos una juventud política nueva, consiente que por sobre todas las ideologías está el país y los millones de salvadoreños que lo componemos.
Sobre todo, para ser una juventud liberadora, debemos ser una juventud solidaria, capaz de ver en nuestros compatriotas más desfavorecidos la capacidad de superarse, la fuerza de hacer crecer el país de una manera equitativa e incluyente, preocuparnos por un desarrollo humano integral, tomar en cuenta en nuestro plan de vida a todos aquellos salvadoreños que tienen puestas sus esperanzas en nosotros y en la nueva generación que representamos.
Tomar las riendas del país en estos momentos parece algo lejano y en definitiva nuestro momento aún no llega, pero es necesario que nos preparemos, que los jóvenes nos formemos para poner al servicio del país todas las capacidades que hemos adquirido y no esperar hasta que el momento nos agarre desprevenidos sin haber cultivado y consensuado un ideal de país. Como jóvenes inmersos en el mundo globalizado, debemos dejar de lado el cliché de indiferentes, consumistas, inmediatistas y debemos comenzar a adquirir valores que sean coherentes con las necesidades del país. Debemos ser líderes, emprendedores, pensadores, trabajadores, solidarios, estos valores deben de ser la semilla que dará frutos en el futuro. Principalmente tenemos que comprender que es nuestro deber comenzar a construir ahora, El Salvador de mañana.

* 21 años, 5to año en Economía en la UCA. Actualmente labora como Director de Recursos de las Asociación Un Techo para mi País. Pronto, laborará por 1 año en la oficina central en Chile de dicha organización.

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